Solucitud

 

Carta Abierta a Ginés Marín

A continuación, pueden encontrar la Carta Abierta dirigida a Ginés Marín por Felipe Benicio Albarrán Vargas-Zúñiga, Presidente del Jurado del Trofeo “Elegancia en el Toreo” de Badajoz.
web
Querido Ginés:
 
Cuando hace poco más de tres horas pensaba qué decirte en un momento como este, después de darle algunas vueltas al ruedo cerebral, buscando el sentimiento apropiado para comenzar esta faena, decidí que sería lo mejor dirigirme a ti por medio de esta carta abierta, abierta cual capote de brega al recibir al toro de la verdad, toro, Ginés, representado a veces por la palabra. Capote de verónicas hechas de letras engarzadas, una tras otra, que quieren hacerte llegar una elegante reflexión sobre la verdad que vemos desde el tendido quienes hemos decidido otorgarte el galardón que vas a poder contemplar muchas veces a solas, en la realidad íntima de tu existencia personal y profesional, momento crucial de la verdad ante el que no nos valen las mentiras ni las imposturas. Sólo nosotros, desde lo más profundo de la chicuelina de nuestro íntimo y personal sentimiento, sabemos reconocer y aceptar lo bello de cada momento, la verdad de cada minuto de nuestra existencia y el peso de cada una de nuestras decisiones personales y profesionales.
 
Dicho esto, y con el deseo de que nadie se le antoje que voy a ir por derroteros filosóficos, aunque bien es cierto que el toreo es una filosofía como otra cualquier, o más que otras, y que es una religión en la que los sacerdotes encargados de evangelizarnos son hombres de carne y hueso, como quienes estamos hoy aquí, quiero dirigirme a ti, y solo a ti, para, haciendo abstracción del nutrido grupo de personas que has reunido tú hoy aquí, que no yo, contarte algunas cosas que creo no viene mal que se te recuerden por alguien que, representando a un selecto, selectísimo, grupo de aficionados ha hecho de la fiesta taurina su ilusión, o una de ellas; su afición, o una de ellas; su religión, o una de ellas; y su emoción, o una de ellas.
 
Decidiste un día, Ginés, formar parte de ese grupo de humanos, de carne y hueso como los demás, que afrontan la realidad de la existencia de la vida y de la muerte, unidas sin solución de continuidad, desde que ambas, vida y muerte, tienen su origen en la creación de los tiempos. Hombres, Ginés, que no sois superiores a ninguno de los que aquí estamos. Craso error el de muchos compañeros tuyos de carrera que creen que el torero es alguien que está por encima de otras personas que se dedican, muchas otras, a empleos y profesiones, cuando no vocaciones, que entrañan, también, riesgo seguro en sus quehaceres. No os valoro más que a otros por el simple hecho de que os pongáis por delante de la cabeza astada de una mole que en un abrir y cerrar de ojos, de los suyos o de los vuestros, os mande al hule de la verdad, o de una de las pocas verdades que tiene la puesta en escena del arte al que se le da el apelativo del legendario Curro Cúchares. Y no os valoro más porque estáis en este mundo por propia voluntad: nadie, repito, nadie, os ha obligado a ello.
 
Es por eso por lo que, quienes vestís de color y oro, o azabache y plata, que me da igual, a pie o montado, con capa o con vara, con estoque o con rehilete, tenéis la obligación de hacer llegar, con vuestra actuación en todos los órdenes, la verdad y sólo la verdad del toreo a quienes rascan sus bolsillos, muchos de ellos no sin esfuerzo encomiable, para disfrutar de una de las estampas artísticas más completas de cuantas ha ingeniado la mente humana, y que ha servido de base para la literatura, como esta mía, para la pintura, la escultura, en una palabra, por todo lo que ello significa, para la cultura. Respeto a quien así no piense, con el más absoluto y firme de mis silencios, el mismo que pido para mis sentimientos por parte de quien no piense como cualquiera de los que estamos hoy aquí.
 
Vas a coger entre tus manos, querido Ginés, un trofeo que se gestó con ilusión por parte de este humilde aficionado. Trofeo, fíjate, que tuvo su origen en una falta de respeto de un matador de toros para con sus compañeros una tarde en el coso de Pardaleras. No entro en detalles, pues no es motivo de esta carta. Vas a poder contemplar, Ginés, un trofeo que encierra, hasta este tuyo, la fuerza y el peso de los sentimientos antes expresados por quien te habla. Y todo ello gracias al apoyo de todos los miembros de un Jurado, de inestimable valor, incondicional, con la mira puesta, únicamente, en engrandecer nuestra tauromaquia local, aunque el trofeo pose hoy en vitrinas de más de un sitio de España y de Portugal. Vas a poder tocarlo con tus manos, como si cogieras el capote de paseo para echártelo por encima e iniciar un paseíllo llamado de la verdad, aunque a veces, por aquellos avatares de la realidad y ambición humanas, tenga más mentira de la deseable. No lo digo por ti, conste.
 
Trofeo, que en forma de la figura que hoy recibes o en forma de otras, han tocado con sus manos hombres como tú y como yo, pero con un renombre especial. Se llaman Curro Romero, Enrique Ponce, Julián López “El Juli”, Javier Solís, Miguel Ángel Perera, Mario Coelho, Pablo Hermoso de Mendoza, Joao Moura, Javier Ambel, Santiago Ambel Posada, o el ganadero Luis Albarrán. No lo hicieron, porque es probable que la modestia de este trofeo les abrumara y no encontraran el momento de hacerlo, cosa que no me callo, José Tomás, Finito de Córdoba o Morante de la Puebla. Allá ellos. Se lo perdieron. 
 
Y cuando mires al trofeo, en forma de torero añejo, recuerda, Ginés, que lo ganaste en los principios de tu carrera, siendo novillero, y que fue el primer trofeo de tu vida artística, según mis noticias. Valóralo más, si cabe, por este detalle. Y cuando analices la figura creada por Fernando Flórez Montero de Espinosa, escultor, piensa en la pureza del toreo de aquellos años en que podríamos pensar andaba por los ruedos el viejo matador de patillas y montera que marca el inicio de los trofeos de tu carrera.
 
Lucha por una fiesta de verdad, que se debata en el ruedo, y no por una feria de velas al socaire de los vientos de los despachos y entresijos que poco o nada tienen que ver con lo que esperamos de vosotros quienes ocupamos escaño en el parlamento de la gloria o del fracaso, del blanco pañuelo o del amargo desconsuelo. Lucha, Ginés, por llevar el nombre de esta tierra, tu tierra, cual grabado en el envés y revés de capote de brega, de tu muleta tersa y templada. Lucha, Ginés, por las bellas hormas y formas de la faena cierta y sin engaños, de la escena plena de arte, de poder, de sabor, de olor y de color. Lucha, Ginés, en definitiva, por la verdad del toreo, que está, exclusivamente, en la íntima conjunción de sentimientos del animal y del hombre, o viceversa. Y digo sentimientos del animal porque no me resisto a pensar que el toro tiene, por mucho que alguien trate de convencerme de lo contrario, sentimiento. 
 
Hoy, Ginés, te llevas en tus manos un trofeo que vive horas de reflexión. Reconozco que no sé el futuro del mismo, pues no es fácil llevar a cabo un patrocinio como este. No ha terminado mi afición, no se ha esfumado mi ilusión, aunque algunos hechos se empeñen en ello. Siento decir que, este año, 2016, no tengo claro que se convoque. Hacerlo en una feria en la que sólo hay tres festejos, me cuesta trabajo hacerlo. No soy hombre de callar palabras. Pero tampoco para enjuiciar, pues desconozco los motivos ni me juego el dinero, las decisiones de quien debe tomarlas. Aunque tales decisiones vayan en contra de mis ilusiones. Badajoz, y siento decirlo, quiere más. Habrá que buscar la fórmula.
 
Termino, Ginés. Te felicito por ganar este trofeo. Cuídalo, siéntelo, vívelo y… ¡quiérelo! Y si se vuelve a convocar, ¡gánalo!.
 
Un afectuoso abrazo, Ginés, de este nostálgico del toreo.
 
Muchas gracias.
 
Felipe Benicio Albarrán Vargas-Zúñiga
Presidente del Jurado del Trofeo “Elegancia en el Toreo”
Badajoz
 
Badajoz, Ifeba, Feria del Toro, sábado 11 de junio del 2016
 
 

Visto 521 veces